Los Estados miembros de la llamada OCI acusan a Huckabee de anteponer la religión al derecho internacional. Sin embargo, estos mismos Estados argumentan desde una perspectiva religiosa cuando se trata de Jerusalén, Palestina o el papel del Islam en la creación de un Estado.

Mike Huckabee es un cristiano evangélico cuya visión de Israel es, lógicamente, religiosa —un punto por el que ahora no solamente lo critican los ateos, sino sus correligionarios. Imagen: X/Mike Huckabee
Jerusalén/Washington – Las recientes declaraciones del embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, han provocado reacciones mucho más allá de los círculos diplomáticos. Lo que comenzó como una entrevista se convirtió en pocos días en una controversia internacional en la que política exterior, religión y derecho internacional se entrelazan de forma conflictiva.
Huckabee afirmó, en esencia, que estaría “bien” que Israel ampliara considerablemente su territorio. No justificó esta afirmación recurriendo a doctrinas de seguridad ni al derecho internacional, sino citando un Versículo bíblico en el que Dios concede al pueblo de Israel la tierra “del Nilo al Éufrates”. Aunque posteriormente matizó sus palabras señalando que Israel no persigue actualmente una política de expansión de este tipo, el núcleo de su afirmación permaneció intacto: una legitimación teológica de la expansión territorial.
Indignación internacional y rechazo explícito
Las reacciones no se hicieron esperar. Estados del mundo árabe y suní/chií condenaron duramente las declaraciones. La llamada Organización de Cooperación Islámica (OCI) habló de una peligrosa mezcla entre absolutismo religioso y política estatal moderna. Varios Estados miembros advirtieron que tales afirmaciones socavan el derecho internacional y amenazan la estabilidad regional.
Sin embargo, el debate no se limita a las fronteras políticas. En muchas declaraciones de los Estados de la llamada OCI se percibió una dimensión religiosa más profunda: las palabras de Huckabee fueron interpretadas como un intento de apropiarse políticamente de la Voluntad de Dios y atribuirla de manera exclusiva a una sola parte. “Ninguna parte posee un Mandato divino sobre la tierra o las personas”, declararon, entre otros, representantes del gobierno jordano.
Citar la Biblia no es política
En la entrevista con Tucker Carlson, Huckabee hizo ante todo una cosa: citó la Biblia. En concreto, se refirió a pasajes del Antiguo Testamento en los que se concede tierra al pueblo de Israel. No afirmó hablar en Nombre de Dios. Quien lo sugiera añade a sus palabras algo que no está presente.
Existe una diferencia fundamental entre una referencia religiosa y una instrucción estatal. Huckabee no formuló una exigencia, sino un hecho teológico, claramente reconocible como tal.
Derecho internacional: el yihad de los perdedores
Lo llamativo de la reacción de la llamada OCI es que numerosos Estados miembros acusaron a Huckabee de situar la religión por encima del derecho internacional. Pero precisamente ahí comienza la contradicción.
Esos mismos Estados recurren con frecuencia a argumentos religiosos en otros contextos, cuando se trata de Jerusalén, Palestina o el papel del Islam en la estatalidad. Sin embargo, cuando un actor cristiano cita un texto bíblico, esto se presenta de repente como una transgresión peligrosa.
La acusación es entonces: el derecho internacional está por encima de la Revelación religiosa.
Pero esta lógica revela un problema teológico.
¿Quién sitúa el derecho internacional por encima de Dios?
Desde la perspectiva Islámica, Dios es la máxima Autoridad, por encima de todo orden humano. Resulta por ello llamativo que los Estados de la llamada OCI argumenten ahora que las normas del derecho internacional son más determinantes que la Voluntad divina, al menos cuando esta Voluntad no coincide con su posición política.
El Sagrado Corán afirma un principio fundamental: ningún ser humano puede conceder o impedir la Bendición de Dios, ni mediante el poder, ni mediante el derecho, ni mediante decisiones políticas. Quien afirma que una resolución de la ONU puede anular una Promesa divina asume un papel que el Corán niega expresamente al la creación.
Aquí radica la acusación de hipocresía que formulan ahora los críticos: los argumentos religiosos se aceptan mientras sean políticamente útiles y se descartan en cuanto resultan incómodos.
Israel como pantalla de proyección
También resulta notable que la indignación se dirija menos contra una política israelí concreta que contra la propia existencia teológica de Israel. Israel no solo es criticado como Estado, sino implícitamente deslegitimado como idea religiosa. Huckabee, en cambio, no hizo otra cosa que expresar abiertamente esta dimensión religiosa, sin traducirla en política.
Un problema de fe, no de derecho
El verdadero debate no es jurídico, sino religioso-político.
No es Huckabee quien cuestiona el derecho, sino quienes afirman que la Voluntad divina debe someterse a mayorías políticas.
Conclusión
Mike Huckabee no habló en Nombre de Dios, sino que citó un texto religioso. Los Estados de la llamada OCI, en cambio, reclaman implícitamente la facultad de decidir cuándo las Afirmaciones divinas son legítimas y cuándo no. De este modo, sitúan el derecho humano por encima de la Soberanía divina, una postura incompatible con sus propios fundamentos teológicos.
La indignación por Huckabee revela, por tanto, menos una transgresión del embajador que una profunda inseguridad en el manejo de la religión, el poder y la credibilidad.
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