Gripe aviar en la Antártida empuja a los pingüinos hacia extinción

Los animales no tienen experiencia con el virus, ergo, poca inmunidad. Además, el aumento de las temperaturas hace que el hielo se derrita antes. Las zonas de reproducción desaparecen, el alimento escasea y los animales debilitan y se encuentran cada vez más en espacios reducidos.

Al igual que en los humanos, en los animales la gripe aviar causa fiebre, tos, dolor de garganta, dolores musculares y fatiga intensa, y, si no se trata, como en la Antártida, neumonía.

Al igual que en los humanos, en los animales la gripe aviar causa fiebre, tos, dolor de garganta, dolores musculares y fatiga intensa, y, si no se trata, como en la Antártida, neumonía.

Desde lejos parece intacta, ajena a las crisis humanas. Sin embargo, la Antártida atraviesa actualmente una de las amenazas biológicas más graves de su historia. Por primera vez se ha detectado allí la gripe aviar altamente patógena, con consecuencias dramáticas para pingüinos, aves marinas y mamíferos marinos. Combinada con el rápido cambio climático, la epidemia podría volverse existencial para algunas especies.

Un virus alcanza el último refugio

Hasta hace poco, la Antártida era considerada uno de los últimos ecosistemas ampliamente aislados del planeta. Ese aislamiento ha desaparecido. Desde 2023/2024 se ha confirmado la presencia del virus de la gripe aviar altamente patógena (HPAI), probablemente introducido por aves migratorias que conectan Sudamérica, las islas subantárticas y el continente antártico.

El virus afectó primero a skúas y otras aves marinas, pero se propagó rápidamente a las colonias de pingüinos. Posteriormente también se infectaron focas, probablemente por contacto con aves enfermas o cadáveres. Para muchas especies antárticas, la gripe aviar es un patógeno completamente nuevo y, a menudo, letal. Especies como los pingüinos Adelia, de barbijo y emperador carecen de experiencia con este virus y, por lo tanto, presentan poca inmunidad.

Mortandades masivas en colonias densamente pobladas

Los pingüinos son especialmente vulnerables. Se reproducen en colonias extremadamente densas, con miles de individuos en espacios reducidos. Esta estructura social facilita ahora una propagación explosiva del virus.

En algunas colonias se han registrado pérdidas masivas, especialmente entre los polluelos. Cuando muere un progenitor, el polluelo casi siempre muere también. El daño, por tanto, va mucho más allá del número de animales directamente infectados.

El pingüino emperador es el más amenazado. Se reproduce exclusivamente sobre hielo marino estable, tiene solo un polluelo al año y se recupera muy lentamente de las pérdidas poblacionales. Incluso antes de la llegada de la gripe aviar, la especie ya se consideraba altamente vulnerable al cambio climático.

El cambio climático como amplificador mortal

La gripe aviar por sí sola no explica la magnitud de la crisis. El factor clave es su interacción con el cambio climático. El aumento de las temperaturas provoca que el hielo marino se derrita antes y sea menos fiable. Desaparecen las plataformas de cría, el acceso al alimento se vuelve más difícil y los animales se debilitan.

Los animales debilitados mueren con mayor rapidez por infecciones. Al mismo tiempo, la reducción de los espacios de cría obliga a los pingüinos a concentrarse más, creando condiciones ideales para la transmisión viral. Cambio climático y gripe aviar no actúan de forma aditiva, sino multiplicadora.

Modelos científicos indican que, incluso sin enfermedades, más del 90 % de las colonias de pingüino emperador podrían desaparecer antes de finales de siglo si continúan las tendencias actuales. Los brotes recurrentes de gripe aviar hacen que la extinción en estado salvaje sea, por primera vez, un escenario realista.

La ayuda es casi imposible — y ahí reside el problema

Lo que se percibe como una catástrofe humanitaria no puede resolverse con herramientas humanitarias. Los pingüinos salvajes no pueden ser capturados, tratados ni vacunados de forma realista. Cualquier intervención aumentaría el estrés y el riesgo de introducir nuevos patógenos.

Las medidas actuales se centran en la contención del daño: estrictas normas de bioseguridad en las estaciones científicas, mayor control del turismo y vigilancia sistemática de las colonias. Son acciones necesarias, pero insuficientes.

La medida decisiva

La protección más eficaz no se decide en la Antártida, sino a miles de kilómetros: limitar el cambio climático. Sin hielo marino estable, el pingüino emperador no puede reproducirse. Sin reproducción, no hay futuro para la especie.

Si el hielo marino se mantiene, las poblaciones pueden sobrevivir incluso a brotes graves. Si desaparece, cualquier otra medida de conservación pierde sentido. Los próximos diez a veinte años serán decisivos.

Un punto de inflexión para todo un ecosistema

La gripe aviar en la Antártida es más que un brote aislado. Marca un punto de inflexión: incluso las regiones más remotas del planeta forman ya parte de un sistema global de estrés climático y enfermedades emergentes.

Aún no se ha extinguido ninguna especie de pingüino. Pero por primera vez, la desaparición de algunas —especialmente el pingüino emperador— ya no es un escenario teórico lejano, sino una posibilidad real. La decisión no se tomará sobre el hielo, sino en la política climática global.

Por Okay Altinisik | 19-2-2026, 10:01:42

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