La mentira del hambre y pesticidas “prohibidos” en frutos

Según el informe de Foodwatch, gran parte de los pesticidas que las instituciones consideran necesarios para la alimentación mundial se utilizan en terrenos donde se cultivan piensos, plantas energéticas o productos de exportación. Otro análisis muestra que una de cada cinco frutas importadas contiene residuos de pesticidas que, aunque están prohibidos en la UE, pueden producirse aquí.

El "boomerang tóxico": las empresas químicas europeas producen pesticidas que ya no están autorizados en la UE, los exportan LEGALMENTE a terceros países y, a través de los alimentos importados, estas sustancias vuelven a los platos europeos; al mismo tiempo, la Comisión Europea planea introducir una autorización indefinida para pesticidas como el glifosato, que son cancerígenos probados, pero que siguen estando permitidos en el territorio de la UE.

El “boomerang tóxico”: las empresas químicas europeas producen pesticidas que ya no están autorizados en la UE, los exportan LEGALMENTE a terceros países y, a través de los alimentos importados, estas sustancias vuelven a los platos europeos; al mismo tiempo, la Comisión Europea planea introducir una autorización indefinida para pesticidas como el glifosato, que son cancerígenos probados, pero que siguen estando permitidos en el territorio de la UE.

Berlín/Bruselas – Durante décadas, los pesticidas químico-sintéticos han sido considerados indispensables para garantizar el suministro alimentario mundial. Sin embargo, un informe reciente de la organización de consumidores Foodwatch cuestiona de forma fundamental esta afirmación central de la agroindustria. Bajo el título “La mentira del hambre al descubierto”, la organización concluye que el uso masivo de agroquímicos no es ni necesario ni eficiente y, al mismo tiempo, entraña riesgos significativos para el medio ambiente y la salud humana.

Según el informe, solo una parte relativamente pequeña de los pesticidas utilizados se aplica realmente a la producción de alimentos destinados directamente al consumo humano. La mayor parte se utiliza en superficies dedicadas a piensos animales, cultivos energéticos o productos de exportación. El maíz para ensilaje, destinado principalmente a plantas de biogás y a la ganadería intensiva, ocupa grandes extensiones y está asociado a un elevado uso de pesticidas.

Foodwatch sostiene que las advertencias generalizadas sobre posibles crisis alimentarias en caso de reducir el uso de pesticidas están motivadas políticamente y no responden a necesidades agronómicas reales. La organización cita estudios y ejemplos prácticos que demuestran que una eliminación gradual de los pesticidas químico-sintéticos —mediante rotaciones de cultivos, control mecánico de malas hierbas y control biológico de plagas— es posible sin poner en riesgo el suministro de alimentos.

Pesticidas prohibidos ampliamente presentes pese a las normas de la UE

Un segundo hallazgo, que complementa el informe, resulta especialmente alarmante: en casi el 20 % de los alimentos vegetales no procesados de la Unión Europea se detectaron residuos de pesticidas prohibidos en la UE. La base de estos resultados son análisis de datos oficiales de control de la UE, entre ellos los de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

Los productos más afectados son frutas, verduras, especias y otros alimentos de origen vegetal, a menudo procedentes de países no pertenecientes a la UE. Muchas de las sustancias activas detectadas fueron prohibidas en Europa por considerarse cancerígenas, mutagénicas o perjudiciales para la reproducción. Aun así, continúan llegando al mercado interior europeo a través del comercio internacional.

Resultados de los datos recientes de control de pesticidas

En más del 19 % de los alimentos vegetales no procesados analizados en la UE se detectaron residuos de pesticidas no autorizados en la Unión, es decir, sustancias prohibidas por ser consideradas demasiado peligrosas para la salud o el medio ambiente.

En total, se identificaron más de 400 sustancias activas diferentes, de las cuales más de 200 están prohibidas en la UE.

Los productos importados de Costa Rica, Colombia, Pakistán, Ecuador, China e India resultaron especialmente afectados, como bananas, té, arroz, especias y determinadas frutas. En hasta alrededor del 50 % de las 907 muestras, se encontraron residuos ilegales.

Foodwatch denomina este fenómeno “bumerán tóxico”: empresas químicas europeas producen pesticidas que ya no están autorizados en la UE, los exportan a terceros países y, posteriormente, las sustancias regresan a Europa a través de los alimentos importados.

Otro punto de conflicto político intensifica el debate sobre los pesticidas en la UE: la Comisión Europea planea eliminar las autorizaciones temporales de pesticidas químico-sintéticos como el glifosato y sustituirlas por autorizaciones indefinidas. Actualmente, las sustancias activas deben reevaluarse periódicamente —normalmente cada 10 a 15 años— para garantizar el cumplimiento de los conocimientos científicos y las normas de seguridad vigentes. Según la propuesta de la Comisión, estas revisiones obligatorias desaparecerían y los pesticidas podrían permanecer autorizados de forma indefinida, salvo que la Comisión ordene explícitamente una nueva evaluación. Los críticos advierten que esto debilitaría el principio de precaución y permitiría que los riesgos para la salud y el medio ambiente permanezcan sin detectar durante más tiempo. Los defensores sostienen que la medida reduciría la burocracia y aumentaría la seguridad de planificación para los agricultores. La propuesta se encuentra actualmente en debate en el Parlamento Europeo y entre los Estados miembros de la UE.

Exigencias de un cambio político

Por ello, Foodwatch reclama un cambio profundo en la política agrícola y comercial europea. Entre sus demandas figuran la prohibición de exportar pesticidas prohibidos en la UE, controles más estrictos de las importaciones y una estrategia vinculante para reducir el uso de pesticidas dentro de la Unión. A largo plazo, Foodwatch aboga por una eliminación total de los pesticidas químico-sintéticos.

El informe pone así de relieve una contradicción central de la política europea: mientras existen normas de autorización estrictas para proteger la salud y el medio ambiente, las cadenas de suministro globales y los intereses económicos socavan estos estándares en la práctica.

Conclusión

Con “La mentira del hambre al descubierto”, Foodwatch cuestiona uno de los supuestos fundamentales de la política agrícola moderna. Los datos sugieren que los pesticidas contribuyen mucho menos a la seguridad alimentaria de lo que suele afirmarse, mientras que incluso sustancias prohibidas siguen detectándose en cantidades relevantes en los alimentos. Para la organización, esto es una señal clara de que la protección de los consumidores, del medio ambiente y de la salud pública en la UE debe replantearse en profundidad.

Por Okay Altinisik | 3-2-2026, 11:50:42

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