Crítica al paternalismo, escepticismo frente a la burocracia y rechazo de niveles de regulación supranacional. Esta retórica genera la impresión de una cercanía fundamental al libertarismo.

“Con nosotros para Europa.” Imagen: FPÖ
El Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) suele situarse hoy dentro de un esquema político claro: de derechas, populista y crítico con la inmigración. Sin embargo, estas etiquetas ocultan una línea histórico-ideológica más extensa que puede remontarse a un entorno nacional-liberal de la posguerra. Por ello, la cuestión decisiva no es tanto si el FPÖ es “de derechas”, sino si aún conserva aquella sustancia liberal de la que surgió históricamente, o si la “libertad” no es ya más que una etiqueta política.
Los orígenes del FPÖ se encuentran en la Verband der Unabhängigen (Federación de Independientes), un espacio de convergencia del llamado “tercer campo” de la Segunda República. Este entorno no se concebía como conservador en el sentido clásico, sino como crítico del Estado, antiestatista y, en parte, nacional-liberal. En este contexto, “libertad” significaba sobre todo resistencia: resistencia al sistema de reparto de poder dominado por el ÖVP y el SPÖ, resistencia frente a un Estado de partidos percibido como excesivamente poderoso, y resistencia frente a un orden político considerado cerrado y de carácter cartelizado. En esta fase temprana, el FPÖ era efectivamente compatible con ciertas corrientes del pensamiento liberal, aunque nunca en el sentido universalista de un liberalismo social moderno, sino siempre enmarcado en una referencia nacional.
También en las primeras campañas electorales de los años sesenta se encuentran elementos que hoy podrían interpretarse como liberales. La crítica al sistema de reparto, el énfasis en la competencia dentro del sistema de partidos y, en ocasiones, una actitud más abierta hacia la integración europea generaban la impresión de una fuerza favorable a la modernización y crítica del Estado. Sin embargo, este liberalismo seguía siendo fragmentario. No constituía un programa integral, sino más bien un impulso político contra un sistema percibido como rígido.
Con el ascenso de Jörg Haider, esta relación de tensiones se transformó de manera fundamental. De un partido con restos nacional-liberales se pasó gradualmente a un movimiento de protesta en el que la política de identidad, la migración y la delimitación cultural se convirtieron en ejes centrales. El concepto de libertad permaneció presente en el plano retórico, pero perdió su significado clásico como principio universal de autodeterminación individual. En su lugar, empezó a utilizarse de forma cada vez más contextual: como resistencia a la intervención estatal allí donde resultaba políticamente útil y, al mismo tiempo, como justificación de un Estado fuerte en cuestiones de seguridad, fronteras y orden.
Es precisamente en este punto donde se manifiesta la verdadera ambivalencia del FPÖ actual. En su retórica económica siguen apareciendo elementos de corte liberal: reducción de impuestos, crítica a la burocracia, énfasis en el mérito y el mercado. Paralelamente, sin embargo, predomina una concepción del orden estatal socialmente conservadora y, en parte, intervencionista. Esta contradicción no es casual, sino estructural. Indica que la “libertad” no funciona como un sistema ideológico coherente, sino como un argumento flexible.
Esto se aprecia con especial claridad en el uso de conceptos libertarios. El FPÖ recurre con frecuencia a patrones discursivos propios del espectro libertario o liberal económico: crítica al paternalismo, escepticismo frente a la burocracia y rechazo de niveles de regulación supranacional. Esta retórica genera la impresión de una cercanía fundamental al libertarismo. Sin embargo, un examen más detenido muestra que dicha impresión es limitada. Un auténtico libertarismo buscaría minimizar la intervención estatal en todos los ámbitos, independientemente del campo político. El FPÖ, en cambio, diferencia marcadamente según el tema: mientras que en el ámbito económico reclama desregulación, en otros campos apoya un fortalecimiento considerable de las capacidades de intervención del Estado.
En este contexto, la apariencia libertaria puede entenderse menos como un programa ideológico que como un encuadre comunicativo. El lenguaje libertario sirve principalmente como herramienta de posicionamiento político: señala resistencia frente a las élites, las instituciones y las estructuras de decisión percibidas como impuestas desde fuera. El concepto de libertad no desaparece, pero se utiliza de forma selectiva y se traduce en distintos contextos políticos según el público al que se pretende dirigirse.
El resultado es un concepto de libertad que ha perdido su coherencia liberal clásica. No es claramente ni liberal en lo económico, ni liberal en lo social, ni libertario en sentido teórico. Más bien funciona como un esquema interpretativo políticamente flexible que puede adoptar distintos significados según el tema. Precisamente en ello radica la transformación fundamental del FPÖ en las últimas décadas: no en una ruptura total con su origen, sino en la disolución de un núcleo ideológico uniforme en favor de un lenguaje político variable.
Al final, de la idea nacional-liberal originaria queda sobre todo una cosa: el propio concepto de libertad. Sin embargo, en el FPÖ actual, este concepto es menos un programa definido que un instrumento cambiante de comunicación política.
Por Okay Altinisik | 22-6-2026, 8:44:38
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